Cuando la vida

Cómo viví mis tres crisis existenciales.

te rompe:

Hola, soy José Ildefonso, aunque mi entorno más cercano me llama Pancho. Me considero una persona inquieta a la que le fascina recorrer montañas, experimentar el silencio, leer buenos libros, hacer preguntas que cambian una vida y comprender al ser humano.

Estudié Filosofía por curiosidad y desde entonces siempre me acompaña más por necesidad que por algún otro motivo, la verdad. Hoy acompaño a personas que, desde fuera, parecen tener una vida “normal”… Pero por dentro sienten que algo se ha roto. Y aunque solemos creer que todo surge de un problema muy concreto, suele ser más bien de sensaciones difíciles de nombrar como:

  • Desconexión.

  • Vacío.

  • Pérdida de sentido.

  • O la intuición de que ya no puedes seguir viviendo igual.

Y si estás ahí, probablemente también te suenen preguntas como:

¿Quién soy ahora después de todo esto? ¿Tiene sentido todo esto? ¿Por dónde empiezo a reconstruirme?

Lo que quiero que sepas es que ese "algo" que estas atravesando, no aparece de la nada sino que es el resultado de un derrumbe interno que es necesario comprender. Lo sé porque yo también he estado ahí:

Tres veces.

Y no desde la teoría sino desde mi propia experiencia.

En 2008, cuando pierdes las referencias que te sostenían:

🔹 Perdí a dos figuras que eran guía para mí en medio de una crisis económica familiar. Estudiaba cuarto de carrera y me sentía cada vez más distante de mis amigos y entorno al crear un tipo de vida muy diferente.

Me aislé por completo: solo leía y escribía. Perdí un año académico.

🔹 Gracias a mis compañeros de piso y a un libro clave —La destrucción del yo, de J.A. Sánchez Tarifa—, comencé a comprender hasta qué punto mis creencias estaban moldeando mi forma de vivir.

Poco a poco, volví a conectar con las clases, con todos… Y conmigo.

Al año siguiente, hice cuarto y quinto de carrera en un año, pedí una beca y me fui a estudiar a Santiago de Chile (Chile).

En la vida frases como: “Ya no puedo más.”, "he fracasado", "otra vez me estoy hundiendo"... O vivencias como las de experimentar la necesidad de una desconexión total, ganas inmensas de ocupar una soledad profunda, anhelo de vivir con autenticidad, confundir el placer con la búsqueda de sentido en la vida suelen ser el eco de un "derrumbe anunciado" que pide reconstrucción. Te comparto mis tres momentos más esenciales en este sentido.

En 2018, cuando el éxito no es suficiente para sostenerte:

🔹 Recuerdo estar en la Torre Eiffel, mirando los tejados de París mientras coordinaba por teléfono a mi equipo en Granada.

Con 32 años había había conseguido construir un proyecto que funcionaba: equipo, ingresos y una vida que, en apariencia, encajaba. Pero el coste había sido alto, y cuando todo se vino abajo, no solo perdí una empresa, sino también la identidad que había construido alrededor de ella.

🔹 Me derrumbé al creer que estaba repitiendo una historia familiar. Tuve que empezar de nuevo, desde el silencio y la incertidumbre. Eso sí, con tiempo para estudiar y aplicar, de verdad, lo que había aprendido hasta el momento de diferentes tradiciones filosóficas. Y comencé a relacionarme con la vida desde otro lugar.

En 2024, mi crisis más intensa… Pero también la más breve y consciente.

🔹 Aún no había superado el duelo por la muerte de mi abuela —murió mientras merendábamos juntos— cuando empecé a esperar un diagnóstico médico incierto.

Las deudas me asfixiaban y el proceso de la Ley de Segunda Oportunidad se alargaba. Fue la crisis más intensa, pero también la más lúcida. Se juntaron el duelo, la incertidumbre económica y decisiones personales difíciles, todo en muy poco tiempo.

🔹 Pero esta vez no me hundí: entendía lo que estaba pasando y sabía que formaba parte del proceso. Pedí ayuda, sostuve el proceso y atravesé la experiencia con mayor conciencia. No fue fácil, pero fue diferente porque marcó un antes y un después.

¿Y qué hago hoy con todo esto?

Me atrevo a decir que hoy día vivimos en un entorno que nos ha enseñado a interpretar las crisis como un error o una debilidad. Por eso aparecen frases que minimizan lo que sentimos y, poco a poco, empezamos a invalidar nuestra propia experiencia como por ejemplo:

“Te estás viniendo abajo…”
“Con todo lo que has logrado…”
“Ya estás haciendo drama…”
“Espabila, que la vida son dos días…”

Y sin darnos cuenta, podemos llegar incluso a hacer nuestras estas creencias y autosabotearnos… Simplemente por no entender qué nos está pasando.

En mi caso, estas experiencias no sólo fueron difíciles, sino que incluso las considero necesarias en el sentido de que me han hecho estar donde estoy. Me condujeron a revisar creencias, apegos y miedos, y a dejar de vivir desde la imagen para empezar a hacerlo desde mi propia verdad de las cosas. Comprendiendo algo importante: que no estamos “condenados” a sentirnos bien ni a vivir siempre felices; porque podemos tener una vida aparentemente correcta y, aun así, sentirnos profundamente desconectados.

Hoy acompaño a personas que atraviesan procesos así. No desde la motivación superficial, sino desde un trabajo de comprensión y reconstrucción. Por este motivo surge Naosofía como espacio y como método, desde el que ayudo a través de un diálogo estructurado que permite aclarar lo que estás viviendo para revisar lo que ya no encaja y te permita tomar decisiones con más criterio propio. No para “arreglarte”, sino para que puedas entenderte mejor y orientarte con más sentido en tu vida.

Si estás en un momento de confusión, no tienes que ordenarlo todo antes de pedir ayuda. Escríbeme y vemos juntos si este espacio puede acompañarte.

Disponibilidad limitada cada semana

@instituto.naosofía